sábado, 8 de septiembre de 2012

Te tengo que dejar ir.

Te tengo que dejar ir. 
Con o sin esfuerzos, con trabajo, con esmero, con dedicación. 
Dedicada no a pensarte, sino a olvidarte. Ya no quiero tener que encontrarte.

Eres un sueño que hice en un día mediocre, un día y te volví todo lo que deseaba. Y me equivoqué.
No sé cómo, ni el porqué, aunque ya me sabía mis rumbos, conocía el final del camino y aun así fui a perderme, a hundirme con todo y todo en un charco que por instantes, parecía mar. 
Parecías profundo, cristalino, un oasis, justo lo que necesitaba, lo que vengo buscando desde tiempo atrás.

No. No lo eras, no lo fuiste la primera vez, ni tampoco la segunda. ¿Qué puede ser diferente una tercera?
Así que debo dejar de ver. Éste iluminado callejón sin salida, aunque de brillantes y cálidas luces que invitan al amor, no brillan para mí y al final, a mi juego o al tuyo, las paredes se siguen cerrando al final del camino, sin intenciones de partir. 

Nadie, nada se retira más que yo, que vuelvo, esperando que todo aquello en lo que tengo fe, a lo que le tengo terror, no sea cierto. ¡Qué nunca se cumpla! Que mis justificaciones sean en un momento temores insensatos e insensibles. 
No un momento, una eternidad. 

Solo necesito más fe para uno que para el otro. 

jueves, 30 de agosto de 2012

Comeback.

¿Qué puedo decirles? Los he dejado en el olvido. Ni siquiera a ustedes, a mi pequeño mundo, al que parece deje de recurrir.
Nunca. Imposible. No quiero pensar en el día en que escribir deje de ser ese hombro escuálido o grueso y fortachon. Ese día pierdo algo más que mis palabras.

A veces subo y vuelvo a bajar, como es normal. Hay días que pasan y solo los miro en caras ajenas, hay descubrimientos, confesiones que se hacen o se mantienen en silencio.
Hoy les digo, algo es diferente. 

lunes, 18 de junio de 2012

'Dearie, everything comes with a price.'

Intento no hablar del tema mientras intento enfríar la ardiente lava que siento en el estómago, molesta y casi dolorosa, casi tanto que me hace retorcerme, un dolor insoportable e inborrable.
Intento, intento, intento. Respiro, deseando calmar a la bestia.
La conversación no es ni mucho lo que importa, al menos ya no. Le había dado una oportunidad, una de tantas y sabía que no sería la última vez pero lo había desechado. Me había herido, me había molestado.

Ahora solo me quede quieta para tiempo después permanecer así, con un libro entre mis manos, las paredes más frágiles y fuertes del mundo que son hojas de papel. ¿Quién lo diría? Ah sí, yo.
Entra mi compañera de cuarto y me mira alegre, al parecer quiere acompañarme mañana en el camino, incluso si los destinos son diferentes. Le dedico una sonrisa pero siento que mis ojos se humedecen de resentimiento y de coraje, así que casi notando que mi sonrisa es amarga, la borro de mis labios, mordiendolos con fuerza para no delatar alguna otra expresión.
Con la voz calmada como se puede, le digo que no importa, que no se moleste que mañana me quedare en casa.
Ella me mira extrañada. No hagas preguntas, no hagas pregun...
-¿Por qué no saldrás?- dice pronto y deseo soltar un quejidito, una grosería, lo que sea es bueno.
Y a la vez, quiero decirle la verdad. Se lo explico, como siendo Cenicienta, no podré llegar al baile porque el hada no decide aparecerse, que he perdido la fé casi por completo. Luego me detengo, preguntándome si aquello es cierto y notando que no. No es que el hada no venga, es que no hay baile en absoluto.
Eso es mala fé, me recrimino a mi misma. 
-Tengo miedo de aburrile.- digo de sopetón, sin saber de donde sale eso. 

Eso es lo de menos, la mala fé porque mi voz se rompe al decir lo último, le habla en secreto y ella repentinamente se molesta.

No esperaba eso de ella, debo admitir que me sorprende, me hace subir la guardia casi de golpe.
-Yo creo que estás tan enojada que no puedes darle una oportunidad.- y con eso y una mirada que mata, se retira.
Y me quedo sola. 
Ahora me quedo arrepentida de haber comentado algo en primera instancia, molesta, herida, tratando de sofocarme a mi misma, conteniendo el aliento y aquel horrendo nudo de lágrimas contenidas, esperando que la falta de aire o aquel creciente dolor sea de un organo inflamado y que siga creciendo, que con la boca apretada en una línea firme como roca, no pueda soltarse y se vea obligado a expandirse, ese organo, en mi garganta y estallar.
Y ahogarme a mi y a todas mis palabras. 

sábado, 2 de junio de 2012

My thoughts/ sentiments exactly.

-No- pensé- lo que verdaderamente eres es desesperante y algo fácil, todo salvo tu carácter, por supuesto.
La mire una última vez, una oleada de desesperación y arrepentimiento por haberle comentado aquello, pues se sentía tan claro como su amistad se alejaba a la misma velocidad de un coche y yo estaba de pie. Tuve ganas de gritarle y decirle que me arrepentía o mentirle con descaro y fingir que iba dirigido el comentario a otro personaje.
Y no, estaba mal algo en esa escena. Hoy lo sé. No eras tú la que se iba, era yo quien, pensandome cobarde, me había alejado, corriendo como pudiera. No era cobardía, dado que descubro que detrás de mis actos hay sabiduría, no temor.
No te perdí a ti, tú perdiste el pilar de una pared. ¿Lo imaginas? Quitarle una pared al cuarto, así como suena. No te darías cuenta siendo muy estúpida; de un hueco en la pared, de como los muros se vienen un poco hacia abajo. Los demás muros deben ser fuertes para sostener el peso.
Incluso si no soy eso, seré un pequeño hueco en la ventana que te da a la cara y aún así tendrás frío. 


miércoles, 30 de mayo de 2012

Day2. Guilt and surprise. Your walls came down, you knocked 'em down.

-Tengo miedo.
-¿De qué?
- Los días te darán certeza y seguridad pero a mi me la quitarán.
De nuevo nos quedamos en silencio, aquello que se paga como precio.
Arrepentimiento, duda e incertidumbre. Cordura y emoción, ¡Ay, me rompiste el corazón! 
- Yo... espero estar allí, a tiempo; en el momento adecuado. Eso es todo.
Ahora busco tus ojos, tu mirada y tu mano. Los encuentro todos a la vez, y de un apretón, te lo he hecho comprender.

martes, 29 de mayo de 2012

-Stay with me. -Always.

If I were asked, 'Real or Not Real?'
I would doubt and say, Not Real. I think.

Day1. Wondering for how long has that been cooking in the oven.

El cerebro humano tarda tres días en acostumbrarse a lo nuevo. Un lugar nuevo. La novedad. Tres días.
Sobreviví al primero.

No dejo de pensar en ti. Tantas veces que te dije, te comenté lo sencillo que sería que decidieras alejarte de mi vida. Desaparecer de forma más silenciosa me parece imposible, no existe una forma, creo que no.
 El célular simplemente dejará de vibrar, tus mensajes, tus llamadas dejarán de llegar. Ya lo hicieron.
Lo último que quedaba de tu voz, tus palabras a través de un monitor, creo que eso también se ha desvanecido y la velocidad con la que lo ha hecho, me parece impresionante.
¿Qué me queda de ti? Todo me lo quitaste con el tiempo, hasta ahora me doy cuenta. Claro, las cosas no cambian de un día a otro, a veces sí. En estas cosas no.

Tus ojos me dejaron de enseñar tu mundo, tus colores, dejaste de compartir tus ideas, cuando perdí tu número, no te molestaste en decírmelo de nuevo. Y te lo pedí.
Lo más reciente: tu 'perdida de interés'.
Dejaste de preguntar por mi. ¿Esperas que no me duela? Y además, me doy cuenta que todavía me reclamabas si es que yo le restaba valor a lo que me decías.
Ahora quisiera decirte- quisiera pero no me dejas, no me dejo a mi misma.- que Sí.
Lo que dices son palabras huecas y vacías, el problema es que para mi tenían el mismo significado, el mismo peso y la carga de valor.

Hoy me hice un millón de preguntas y se resume a simples ideas.
 ¿Cuándo dejaste de estar cansado de tus días y te empezaste a cansar de mi? O el hecho de que, no hace más una semana o dos, me dijiste 'Siempre'. Quiero evitar el bufido que sale de mis labios de recordarlo pero la vida es una ironía. Yo te dije que eso era mucho tiempo y mira que me enseñaste que tengo razón.
Ya cambiaste de opinión.

Al menos suspiro de alivio, como lo hice al preguntarte que estaba mal, por unos segundos cuando te hundes y consigues nadar a la superficie, una bocanada de aire fresco; Yo juraba que tu serías quien rompería la promesa, aquella de que ambos nos heriríamos uno al otro, donde apostaba mi suerte a que tu me lastimabas primero.
Al menos no he sido yo.
No sé que tanto cambia  las cosas pero intento convencerme que es mucho mejor, incluso si aún cargo el peso de mi culpa sobre mis hombros, un peso que no pretende desaparecer. Creo que eso no me abandonará.