viernes, 25 de mayo de 2012

Una taza de café vacía.


Te miro a través de una mesa cualquiera de cristal del café donde siempre, acomodando mis brazos en el cristal de forma ordenada, como una niña nerviosa que acomoda sus útiles a principio de curso escolar.
Me miras de vuelta, serio al principio y después con esa magnifica sonrisa que tengo ganas de responder pero recuerdo que me haces daño y prefiero no hacerlo. Tu sonrisa desaparece con la resistencia de la mía.

Con un suspiro estiras tu mano a través de la mesa, buscando la mía y en respuesta me alejo, el respaldo de la silla me detiene contra ti.
-¿Sucede algo?- me preguntas y me miras confundido, como si no entendieras de que te hablo.
Te miro mal, con recelo y enojo, con coraje. -¿Acaso estás ciego? Porque tienes que estarlo para no saber qué está mal.
Alejas la mano y te inclinas en tu respaldo, cruzando tus brazos sobre tu pecho con una expresión de aburrimiento.
No puedo si no pensar que eres un poquito idiota.
-¿O es que no te importan mis sentimientos?- pregunto herida de tan solo pensarlo.
-No es eso, es solo que...

Si lo es y al parecer, yo también estoy ciega si tanto me ha tomado descubrirlo.

jueves, 24 de mayo de 2012

Es de esas voces que no se escuchan.

Lo siento tanto, por abandonarte en el olvido y recurrir a ti como último recurso. Sé que eres quien verdaderamente permanece ahí, que lo harás hasta el fin de los tiempos, hasta que deje de quererte. Aquí estoy de nuevo, buscando el consuelo entre letras e ideas que parecen tropezar con otra y otra, formando una red que termina por entretejerse con tal delicadeza y fuerza al final, que no encuentro salida.

Me siento asfixiada y sombría, me siento nuevamente triste y he estado tanto tiempo- o eso parece- en lo alto del barranco que de mirar abajo, he perdido el balance y siento que me caeré al vacío y no espero una caída suave.
No hay nadie abajo, ni al final que me sostenga, solo yo, solo tu, mi diario, mi amor, mis palabras.
-¿Qué te molesta?- me preguntas, estirando tus brazos, hundiendome contra tu pecho, jalando mi cabeza con fuerza hasta hundirme en estos. Ni siquiera me molesta y cierro mis ojos.
-Todo.- respondo con facilidad aunque sin delatar demasiado.
-¿Qué?- preguntas y suspiro aliviada, sabes que quería escuchar esa pregunta para desatar la marea, soltar los cables y dejar que todo se venga abajo.
-Pues, lo primero son mis...-me muerdo el labio, pensando en como decirle.- mis... conocidos. Mi tablón de relaciones, si sabes a que me refiero.- me alejo de tu pecho y me río suavemente, sin mucha gracia.- Es que sé que lo entiendes. Ah, me habían dicho que iríamos juntas. Supongo que en parte es porque tengo tanto tiempo libre que tenía ganas de ir, que es un lugar que me recuerda a mis sueños, además de que no las he mirado desde hacia meses, además de que con ella de vuelta, prometía cercanía. Prometía comodidad. Y no me dijeron al final, fueron sin mi, me olvidaron... y tuvieron el descaro de publicarlo, sin pensar en mi.
Me siento mal de pensar eso porque eso claramente no ha sido de mi, sobre mi... ya entiendes. Era por ella y tenía tantas ganas de escucharla, de verla, de notar como se hace el cambio, como es posible.
Me siento abierta, herida, me siento ignorada como en los días de antes. Descubro que todo aquello que me dijeron, aquello de que 'valía mucho' y que 'no cambiaba con el tiempo y eso era magnifico' son solo palabras huecas- digo esto último con recelo claro en la voz, casi escupiendo las palabras como si me hubieran dado un golpe con tal fuerza en el estómago que me dejaron sangrando por la boca. ¿Cómo se que no lo han hecho?- Claro que ahora entiendo que decían, que era bueno que siguiera siendo ese árbol que ignoran en buenos momentos pero cuando necesitan, se acobijan junto a mi. La misma niñata estúpida que sigue estando con esas 'amigas.'

Hago una pausa sin gusto, respirando con fuerza y conteniendo el aliento porque se me han humedecido los ojos con lágrimas de dolor y de coraje.
Me abrazas de nuevo y me jalas hacia ti, me río con más ganas por tu esfuerzo de alegrarme.
-Ah, no debería importarme tanto, ¿verdad?- me digo a mi misma, permitiendome abrazarla de vuelta, dado que sí, es una chica jóven, mi mejor aliada,  de 19 años. Tiene el cabello largo, ligero y sedoso, ondulado de forma natural en un color castaño avellana.
Luego de unos momentos, me alejo y me quito las lágrimas de la orilla de los ojos.
-¿Eso es todo?
Te miro los ojos y quiero decirte que sí, dado que me siento una llorona pero niego con la cabeza.- Quisiera pero no.
-Cuéntame.- me dices sin abrazarme, acariciandome el cabello con delicadeza.
- He tenido esta conversación con otra de mis amigas, sobre el hecho de que me incomodan sus amigos. No se lo he dicho, ni planeo hacerlo, ni por asomo. Se lo he comentado pero no dejo de pensar que ella me diría...
'Jamás te han gustado mis amigos'
'Bueno.-'
 'Quizá yo también criticaría a tus amigos, si tuvieras alguno más que yo.'
Levantas las cejas tan sorprendida como yo y asiento.- No lo ha dicho, no creo que lo diría realmente, ella... no podría decir algo que lastime a alguien pero ya ves que yo puedo por ambas. Me lastimo de pensarlo y de tan real que me parece.
-No puedes saber lo que ella piensa.
-Bueno, supongo que no pero... no sé. Ah, hay otra cosa. Él.- suspiro profundamente y pongo una mueca.- Ya ni sé... Me esmero tanto en creer cosas... como el que me he contenido por él. No sé a que punto eso sea cierto, supongo que alguna parte debe serlo. Igual hubiera hecho las cosas de la misma manera... creo. No sé. Y me siento estúpida de nuevo, ¿siempre se reduce a eso?- pregunto mirandote esperanzada de una respuesta diferente a SI. Niegas con la cabeza y sonrío débil.- No sé que tanto valga la pena. Sé que está enamorado de Monterrat,- digo entre dientes.- y que salen juntos y... eso.
Hay tanto que nos separa, ¿qué nos une? ¿qué gano de todo esto? No es que sea egoísta, aunque sí lo soy pero él ha ído, ha recorrido caminos más largos y yo ni he dado pasitos. Ni eso. ¿Qué gano? He empezado a pensar que quizá aquello me esté deteniendo. No me ayuda, solo... me detiene y a él no. Dice que lo hace y no pretendo, ni quiero desconfiar de lo que dice pero... sé que tengo la razón. No lo detengo.
 Además de que no parece interesado, no como antes.
Me sienta mal eso, me siento... despreciada. No debería, ni debería soñar que él me enseñará a caminar. No sé si quiero que lo haga.-

Ahora verdaderamente bajo la cabeza y me giro, mirando la pared porque mis ojos se han humedecido por completo y he empezado a sollozar. Oh dios, me vengo en pedazos. 
- Quiero cambiar todo eso pero no sé como. No sé donde empezar ni estoy segura de querer dejar todo eso. A él en especial, que las primeras me dejan a mi.
Objetos de segunda. 

miércoles, 11 de abril de 2012

Gleek Guy.

Quiero escribir esto, solo para poder recordármelo a mi misma en un futuro, de ser necesario.
Ya sabemos como funciona todo, como con una mirada o una plática tuya me vuelve el estómago y se acelera el corazón, como con la misma facilidad que me ataca el nerviosismo, me ataca la paranoía.
Todo porque en tu entorno, mientras me escondo a la distancia, hay personas que he conocido y sé que tienen carácter parecido y tan brutalmente diferente al mío.
Les busco semejanzas, entre la oscuridad de una y la desvergüenza de la otra, me esfuerzo para descubrir que podrías encontrar en ellas.

Hoy me llega una oleada de frescas y nuevas ideas que me llenan con su calidez, una tonta promesa de agradarte, no por las cosas que me faltan si no, las que ellas carecen.
¿Sabes que me ha encantado de ti? Como te encojes del mundo, como vas cabizbajo, como eres discreto con tus miradas sin embargo, te aseguras de que no pueda dejar de mirarte. Como de una forma vaga, extraña y nerviosa, me pides que me acerque y que permanezca.
Como creo que a veces temes que te haya perdido el interés.
Hoy, incluso, juraría que vi un ligero reflejo de celos en tus ojos.

Así que recordaré que quizá, no sea lo que ellas son y la extraña mezcla de las pocas cosas que si soy, te parezca, mínimo, interesante. Las similitudes de nuestras personas, algo que le da valor a las miradas que compartimos, a lo poco que hablamos.
Soy luz, soy cálidez, soy adorable. Aunque haya hablado contigo en severas ocasiones, eres extrañamente distante y silenciosa.

viernes, 23 de marzo de 2012

Quisiera ser parte de tu realidad, de tu verdadera existencia, no solo de la esencia.

Había llegado tarde a su clase, como hacía de costumbre, distraída por la presencia del extraño y encantador muchacho que le hacía sentirse anormalmente familiar con un semi-desconocido, quien le respondía con miradas y sonrisas tontas, tonos demasiado alegres y una falta de velocidad cuando ambos se cruzaban.
El parecía esperar que ella se moviera, que se adelantara como hizo la primera vez pero hacía meses desde eso, cuatro meses casi por completo y conforme pasaban los días, esa decisión y certidumbre de acercarse a hacer la conversación trivial que esperaba desembocaría en algo íntimo entre ambos, se alejaba de ella como el día en que lo conoció, se alejaba con prisa pero no lo suficiente para que no se diera cuenta.
Estaba al tanto de que sus oportunidades se le escapaban de las manos y se sentía inútil, imponente ante la situación. Él esperaba algo de ella y ella descubrió que no, no le gustaba que la gente la mirara ansiosa, esperando algo sin que ella supiera el qué.

Todo eso le pasaba por la cabeza cuando rompió con una 'perfecta sincronía' una vez más y arrepentida, discretamente se mezcló entre alumnos callados que miraban atentos a la clase.
Ella prestó atención, imitando a los demás y pronto descubrió que la teoria de clase se había convertido por completo en práctica.
Interacción alumno- alumno, de forma íntima y cercana, uno tocando el otro con sus manos, el otro sin hacer más.
Sintió un calor en las mejillas y la garganta que hacía pensar que el aire se había vuelto tóxico de un momento a otro y buscó en los rostros ajenos en busca de la misma reacción pero a nadie le pesaba.
A nadie le importaba, salvo a ella.

Su siguiente reacción fue bajar la cabeza y con ello la mirada, su teoría de evitar el contacto visual le resolvía problemas en mínimas ocasiones, comparado con el número de problemas que le traía pero de nuevo lo intentó y la flecha se dirigió a la compañera del lado, una muchacha valiente que se recostó en una mesa levantada.
Parecía que la maestra irrumpiria su espacio personal con prácticas que poco deseaba recordar. Respiración de boca a boca, ¿qué sentido tenía?
Ahora se sentía atarantada, nerviosa y aún asfixiada de forma incomprensible pero mantuvo las manos cerradas en puños y consiguió superar el ejercicio.
Pero eso ni por poco le preparó para lo que vino después.
Una orden de la menuda maestra al frente del salón, un montón de personas que se levantaban de su asiento y hacían gestos a sus compañeros: me he quedado sola.
Ella miró a su última esperanza, una chica igualmente abandonada que le devolvió la mirada y casi se sentía llenar de alivio cuando alguien del otro lado de la pequeña habitación le grito a la muchacha que miraba que fuera su compañera.
Una ola de recelo y disgusto volvió a nacerle del estómago por esa mujer.
Ahora enserio se quedó sola y se devanaba los sesos por recordar cuantos eran en el salón, paseando la mirada para saber si se haría un trío o estaba definitivamente por su cuenta.
No lo supo, se veía distraída y ausente e incapaz de hacer algo más que sentirse al borde de un ataque de nervios.
No quería que la tocaran, le daba vergüenza que alguien pretendiera acercarse, un temor que poco sabía tener pero en ese momento era palpable, tanto que era incómoda la situación.
Además, si eran ejercicios de respiración, temía que alguien más se le acercara demasiado.
En ese momento, ella era una completa cobarde, inundada por sus miedos que parecían amenazar con salir a la luz y cuando vió estaba de pie, sin saber bien que hacer con sus manos, mirando indecisa a todos y a nadie.
Y sus ojos se detuvieron en la puerta.
'Eso, sal de ahí'. Asintió para si y se adelantó hacia la puerta, se sentía asqueada y nerviosa, casi quería correr   el escaso metro que la separaba de la puerta pero hasta así, un muchacho que se hace el bufón, se le pone de frente, abriendo los brazos e interponiendose entre su salida.
'¿Es enserio? No, esto no es una película. Eso debería ser imposible.' La muchacha se rió con fingida diversión, una risa corta, se le avecinaba el miedo por la garganta, quemandole el pecho al haber subido desde su estómago.
-Eh, quitate- le dijo con decisión pero con una sonrisa, quitandole algo de rudeza a sus palabras, habladas entre dientes.
El muchacho se rió y la chica dió un paso adelante, el muchacho retrocediendo el mismo.
'No tiene ni una pizca de gracia'-Quítate.- repitió, notando que alzaba la voz o que el murmullo de los compañeros en parejas se reducía, sentía unos ojos puestos en la improvisada escena.
Y dió otro paso y ambos bailaron, repitiendo el anterior movimiento.
Un gruñido le salió del pecho, así como la fuerza le nació del calor que le quemaba las venas y empujó violentamente al muchacho a un lado de la puerta, presionandole el hombro y haciendolo desestabilizarse.
Y abrió la puerta sin girarse, echandose a correr.

(...)
¿Cómo consiguió eso? Se apretó las piernas contra el pecho con más fuerza, casi hiriendose por intentarlo pero no dejaba de verlo, como se apanicó, como se sentía humillada y el intento en vano de escapar sin que nadie lo viera.
Estaba segura de que muchos, si no todos, estaban al tanto pero esperaba que no vieran más que una chica que tenía prisa de salir.
Sin ninguna razón en especial.
'Como desearía que eso fuera cierto' pensó y recargó la cabeza contra el pilar de concreto, cerrando los ojos.
-¿Qué haces aquí?- preguntó una voz y abrió los ojos, el extraño muchacho de cabellos chinos y unas facciones divertidas, le miraba fijamente a los ojos, casi con dureza.
Ella se sobresaltó, poco hablaba con él, mucho menos de aquella manera tan directa, exigente.
-¿Eh?
- Saliste corriendo- agregó, aun clavandole la mirada.
Ella asintió, insegura.'¿Cómo lo sabía?
- ¿Qué te dió tanto miedo?
Ahora lo miró con curiosidad, su corazón parecía pasar por una serie de cambios inexplicables.
- Bueno... me sentí expuesta. Me golpeó con violencia, no estoy lista para muchas cosas, cosas que creí quería... no sé. No es propio mío, parece un miedo casi infantil.
Miró los ojos del muchacho con cabellos chinos, sus ojos parecían adquirir comprensión mientras ella le hablaba y una sonrisa le salió en los labios, mientras estiraba una mano para tocarle los rizos al 'extraño'.
- Creo que entre más días pasen, más tiempo pase, esa oportunidad se habra ido, se hará una pesadilla.
El la miró sin entenderlo, acercando su rostro para recargarse en las rodillas aún flexionadas, más lejos de su pecho, de la muchacha.
Entrelacé uno de mis dedos con uno de sus mechones y sopese el decirle el resto de la oración.
- Siento lo mismo contigo.- le confesó ella en voz baja pero estaban tan cerca que el parpadeó, perplejo del contenido de sus palabras. Continué.- Hablar contigo parecería tan fácil pero... los días van y, creo que te he perdido. Como he perdido eso... temo que la primera persona a la que quiera lo sepa. No puedo decirlo en voz alta- le expliqué, notando como sus cejas se hundían en confusión- no quiero caridad, no quiero causar 'ternura' en las personas. Quiero pensar que no me delato pero lo hago con tal descaro...
Lo último que miré fue una expresión de perplejidad tatuada en el rostro del muchacho.

martes, 21 de febrero de 2012

Podría morir extrañándote.

Y esa tarde no llegó.
Me sentía cansada, angustiada y desesperada, costándome el doble de trabajo poder pasar aire a través de mis pulmones, sus palabras retumbando en mi cabeza.
>> Debería dormir más temprano, porque se hace tarde y término extrañándote. Podría morir extrañándote.>>
Cerré mis ojos, mi corazón parecía later con lentitud, casi causandome un hueco en el pecho con cada extraño movimiento que antes pudo haber sido natural.

Mis labios se sentían resecos, como cuando falta agua, parecía faltar la dulce miel de su aliento y el tacto de sus labios, que de solo recordarlos me hicieron estremecerme empezando por la espina, subiendo lentamente hasta mi nuca, dejándo rastro de una invisible e insípida gota de sudor frío.
Sabía que sus ausencias serían necesarias, lo sé, quería decirselo todo el tiempo.
-¿No me extrañarás demasiado? No quiero dejárte sola.
-No lo haces, jamás. Comprendo las razones y son mejores que nada. De no irte, te correría.
Pero lo que quería hacer era decirle parcialmente la mitad, mentirle sobre sus ausencias porque igualmente, solo quería poder decirle:
-Desearía, en verdad, que jamás te fueras de mi lado.

Dos Caras.

Sin poder evitarlo, reparé que ya las miraba con reproche, a las tres chicas lindas y de apariencia inocente que sabía eran lo opuesto.
Habían dejado su inocencia detrás, de haber existido.
No quería mirarlas de esa forma pero las tres se miraban entre ellas, incluso me sentía apartada, estando apenas un sillón frente a ellas, mirando esas sonrisas de dientes perla que fingían alegría o de ser un sentimiento honesto, no comprendía su razón.
No eran más mis amigas, eran pequeñas desconocidas, como un recuerdo que no terminas de recordar salvo que ellas se veían tan peligrosas como avispas con un agijón.
Incluso sentí cierta inclinación hacía los insectos, por un momento dando la apariencia de ser menos dañinos.
Repentinamente, me encontraba buscando desesperadamente un escondite, un pretexto; una salvación.

domingo, 12 de febrero de 2012

So... friends? Yeah, for sure.

Alain se acercó hasta mi, rodeandome la cintura con sus brazos con dulzura, recargando suavemente su barbilla sobre mi hombro.
Me quedé quieta, cerré mis ojos, sintiendo su respiración parcialmente sobre mi cuello, su calor por encima del mío.
-No quiero perderte, no quiero herirte. No quiero que te vayas, jamás. - murmuró en voz baja y muy, muy suave y dulce. 
Sonreí, sin abrir mis ojos le dije. - Jamás es mucho tiempo, no sabes que querrás..
-Pero..
-No me perderás. Fácilmente puedes hacerme daño, pueden... primero me harás daño tú, que yo a ti. Lo prometo.

Siempre ha sido así, después de todo.

¿Puedo decirte algo? Estoy decepcionada.
De todos podía haber esperado algo como eso, de todos menos de ti.
Creí que eramos amigas, importantes, cercanas. Compartir tantas cosas, ser parecidas. La forma en que ambas mirabamos al mundo.
Pero... me equivoqué.
No fue una crítica de razón, si no de corazón.
No daré todo, mi tiempo, mi entusiasmo para que no lo mires. Las amigas no son así, al menos no las mías.
Incluso si eso me deja parcialmente abandonada.
Lo que quieras de mi, no volveré a prometerlo.